Las deudas que dejó Sabat en Ñuñoa

Clinica

Dentro de pocos días, se cumplirá un mes desde que Pedro Sabat dejara el municipio de Ñuñoa, tras veinte años de una administración que deja la comuna plagada no sólo de edificios elevadísimos, con la ausencia dolorosa de espacios de participación efectivos para que se exprese la opinión de la comunidad, sino también, deja la evidencia patente de una gestión que ya olía muy mal: millonarias deudas que, incluso, el flamante edil Andrés Zarhi ha debido reconocer.

A regañadientes, Andrés Zarhi se ha visto en la obligación se sacar a la luz pública uno de los secretos mejor guardados de la administración del ex alcalde Sabat: los problemas financieros del municipio de Ñuñoa. Vayamos al grano. Ni el propio Zarhi tiene claridad si se trata de 1500 o 3500 millones de pesos de déficit, como señaló en el Concejo Municipal. El desglose tampoco está claro, pero se sabe que, al menos, unos 900 millones corresponden a una deuda con la empresa Chilectra, y unos 500 a 700 millones se adeudan a la constructora que lleva a cabo la obra más emblemática, pero frustrada de Pedro Sabat, la Clínica de Ñuñoa.

Vale la pena detenerse en este punto. Sumando, son casi 11 mil millones de pesos los que se destinaron al edificio ubicado en Grecia con Juan Moya, donde alguna vez se pretendió instalar una clínica privada con dineros municipales. Paradójico es que hoy muchos municipios piden asesoría para seguir el ejemplo del alcalde Daniel Jadue, en Recoleta, y abrir farmacias municipales que otorguen a la comunidad medicamentos a menor precio. En tanto, en Ñuñoa, sufrimos las consecuencias de la soberbia sabatista que, empeñada en concretar la gran obra de su carrera política, tiene hoy a la comuna en serios aprietos económicos.

Al asumir como máxima autoridad comunal, entrevistado por CNN, Andrés Zarhi señaló no estar en disposición de solicitar una auditoría a la gestión del ex alcalde. Que le bastaba con el informe financiero que se entregue, decía entonces. A la luz de los hechos, hay razones para exigir que esto se lleve a cabo.

A mediados de octubre, fuimos testigos de otro triste y vergonzoso hecho. El colegio Guardiamarina Guillermo Zañartu, ubicado en la Villa Olímpica, se hizo famoso a través de los medios de comunicación, por encontrarse sin energía eléctrica desde el 30 de septiembre, noticia que fue conocida el día 16 del mes siguiente. Para que los cerca de 500 niños y niñas que integran esta escuela, de prekinder a octavo básico, puedan retornar a clases, fueron necesarios 75 millones de pesos que, al momento de estallar la noticia, no se tenían.

Para iniciar las reparaciones, se solicitó al Ministerio de Educación, tal como explicó el alcalde Zarhi al Concejo, un adelanto correspondiente al Fondo de Apoyo a la Educación Pública FAEP 2016. Una de las grandes debilidades de la administración municipalizada de la educación, es que los recursos que provienen del gobierno central no son fiscalizados, y el Mineduc se queda con los informes que cada comuna entrega, sin ir más allá. Esta es la razón por la que el Ministerio dio luz verde a la utilización completa del FAEP 2014 de Ñuñoa, de 917 millones de pesos, más parte del Fondo de 2015, para la demolición y reconstrucción total del colegio Benjamín Claro Velasco, habiendo otras múltiples necesidades a las que atender.

Esto tiene que cambiar y, lamentablemente, no será la gestión de Andrés Zarhi, la que lleve a cabo la reconstitución del ejercicio democrático que Ñuñoa pide a gritos. Aunque el actual alcalde diga que no es necesario, hoy es necesario que la comunidad conozca el estado de las arcas municipales, y no deben ser los mismos colaboradores de Sabat quienes hagan este arqueo. De hecho, se requiere que el tema sea votado en Concejo Municipal. Algo difícil, ya que no sólo es necesario que Andrés Zarhi acceda a este acto de transparencia y ponga la contratación de una auditoria externa en tabla, sino que también es preciso que los concejales leales al ex alcalde acepten que esto se lleve a cabo y voten a favor. Pero, como dice el dicho, quien nada hace, nada teme.

Columna de Opinión de la Concejala Alejandra Placencia publicada originalmente en La Nación

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